Todas las organizaciones y empresas, sin importar el tamaño, comparten un reto: encontrar su propia cultura empresarial que las diferencie y haga atractivas, alineadas con su propósito y con su público, abrazando a la vez nuevas formas de trabajo siendo tanto abiertas como coherentes con sus valores.
El contexto actual ha hecho que los procesos de transformación se hayan acelerado, obligando al rediseño de las organizaciones. La cultura organizacional es uno de los cimientos de este cambio, ya que permite comprender el ser (comportamiento de las personas) y el hacer (cómo se ejecutan hábitos y procesos) de una organización hacia su propósito.
En una perspectiva de innovación necesaria, es vital reinventarse de forma exitosa. Para ello, existen ciertas medidas útiles, como asegurar unos sistemas de información completos y rápidos, asegurar la sencillez en estrategias y procesos; contar con personas competentes y comprometidas; y adherirse a la cultura de la transformación.
En un entorno cambiante y acelerado, las personas deben ser necesariamente el centro de las organizaciones, ya que son las que generan valor y significado en cada acción. Las empresas que den a su personal la voz necesaria para plantear estrategias innovadoras, serán las que más posibilidades tengan de conquistar el mercado.